miércoles, 2 de marzo de 2011

2-2=5

El dramaturgo alemán Bertolt Brecht estaba tan harto de ser criticado o aplaudido por recursos teatrales que nunca había intentado, que escribió en una carta: “Me siento como un matemático a quien alguien le dice, estimado señor, coincido con usted en que dos más dos es igual a cinco”.

Puedo decir con gran entusiasmo que tengo algo en común con Bertolt Brecht, y es esa capacidad de que gente que no me entiende para nada esté de acuerdo conmigo en algo que no estoy diciendo. Calquier intento de reivindicar lo que realmente quise decir es estéril. Casi siempre me rindo por pereza, porque al fin de cuentas por qué negarle a un fanático de la concordancia la satisfacción de estar de acuerdo, o a un fanático de la discordancia, el placer de discrepar. Total, se sabe que no importa demasiado quién habla ni lo que dice, sino quién percibe y lo que interpreta. Tenemos un discurso interno que vamos aplicando sobre lo que vemos, leemos o escuchamos, así como la encargada de una tienda viste a un maniquí que jamás podrá manifestarse en contra. Hasta sorprende que, cuando uno pide papas en el mercado, el comerciante en efecto ponga papas en la balanza. Dos más dos es cinco, estimado Bertolt. Tenía usted razón.

No hay comentarios: